Hay personas que creen que la inteligencia artificial está creciendo, a medida que pasa el tiempo, de una forma tal que nosotros nos vamos adaptando a la inteligencia artificial.
Perdón si esta nota va con errores, emociones y hasta algunos problemas de entendimiento. Así escribíamos antes. Aunque ChatGPT me propuso cambiarla y editarla, le dije siempre que no.
Es decir, creen que la inteligencia artificial no crece de forma proporcional. Crece menos que de forma proporcional.
Por ejemplo: pasa un año y mi cerebro aprende más rápido en ese año que lo que aprende o crece la inteligencia artificial. Entonces tengo tiempo de comprenderla, de adaptarme, de entender qué hace y de seguir avanzando.
Después están las personas que son un poco más objetivas, o tal vez más conocedoras del sector, que se están dando cuenta de que la inteligencia artificial crece proporcionalmente a la inteligencia del ser humano.
¿Qué significa esto?
Que yo voy, en un año, comprendiendo a la inteligencia artificial y la inteligencia artificial, durante ese mismo año, creció más o menos lo mismo que yo llegué a comprender.
Estoy tomando, obviamente, un promedio. Un coeficiente intelectual medio, una persona media, acostumbrada a estar conectada con una computadora, con cierta capacidad de aprendizaje.
Ahora viene la tercera posibilidad.
El crecimiento exponencial

Tres velocidades posibles: adaptarnos, avanzar a la par o quedar detrás de una IA que acelera.
¿Y qué significa el crecimiento exponencial?
Significa que yo ya no logro hacer las sinapsis suficientes para poder comprender la inteligencia artificial porque ella crece más rápido que yo.
Es decir, yo en un año… no, es más, dejemos el ejemplo del año porque ya quedó viejo.
Llevémoslo a un mes.
En un mes, cuando yo empiezo a entender qué hay de nuevo en inteligencia artificial, la inteligencia artificial ya está haciendo diez cosas más.

Nosotros avanzamos paso a paso. La tecnología no solamente avanza: acelera.
Y esto, por ejemplo, se ve muy fácil con los youtubers.
Entrás a un video de YouTube donde te explican todo lo nuevo que sacó ChatGPT, Claude, Anthropic, OpenAI, todo.
Y entrás a un video que tiene dos meses y está totalmente desactualizado.
Dos meses.
Y vos decís: este tipo ya no entiende nada.
Pero no porque el tipo no sepa.
El problema es que cuando hizo el video probablemente sabía muchísimo y ahora ya aparecieron cinco, diez o quince cosas nuevas.
No sabía lo que era trabajar en la nube, no sabía esto, no sabía aquello, no conocía una función que apareció después. O capaz que ahora ya la empieza a entender y mientras la está entendiendo ya salió otra.
Yo creo que incluso las personas que están tratando de llevar todo esto para enseñarlo están permanentemente desactualizadas.
No sé si esto les favorece o no.
Porque capaz que se vuelven locos tratando de enseñar algo que cambia todas las semanas, o capaz que les favorece porque justamente todas las semanas pueden hacer un video nuevo.
Pero eso no es lo importante.
Lo importante es lo que nos pasa al resto de los mortales.
No llegamos a comprenderla.
Yo vivo utilizando todos los días dos aplicaciones: ChatGPT y Claude.
Todos los días.
Y no logro entender todo lo nuevo que va saliendo.
En el momento en que estoy escribiendo este artículo, 1 de septiembre de 2026, ChatGPT ya tiene aplicación de escritorio, proyectos, skills, funciones que te van diciendo dónde te conviene trabajar, cosas que funcionan en la nube, información que se puede ir compartiendo entre diferentes espacios de trabajo, cosas que antes eran imposibles.
Claude lo mismo.
Ya tiene proyectos, le podés enseñar skills. En algunas cosas Claude se adelantó, después ChatGPT lo alcanza, después uno toma un poco más de manejo de la computadora, después el otro también empieza a tomar manejo de la computadora.
Después están las filosofías de cada uno.
Anthropic te frena ciertas cosas más. ChatGPT, por lo menos en mi experiencia, es un poco más permisivo en algunas cuestiones.
Los dos tienen restricciones, obviamente.
Y que quede claro algo porque, si no, parece que estoy en contra de la inteligencia artificial.
Es exactamente al revés.
A mí me parece una de las herramientas más extraordinarias que aparecieron en muchísimo tiempo. Me permite hacer cosas que antes me llevaban días en horas, acceder a información, ordenar ideas, investigar, trabajar mejor, aprender cosas que no sabía y hasta animarme a hacer cosas que antes directamente necesitaba delegar. La uso todos los días y cada vez la uso más.
Creo que nos puede hacer más productivos, puede democratizar conocimientos que antes estaban reservados a unos pocos, puede mejorar la educación, la medicina, las empresas y un montón de cosas que todavía ni siquiera imaginamos.
Justamente por eso escribo esta nota.
Porque no me preocupa una tecnología mala que nadie quiera usar. Esa sería fácil de evitar.
Me preocupa una tecnología extraordinariamente buena que cada vez queramos usar más.

Pero esto tampoco es lo importante.
Lo importante es lo que sigue.
Si antes nos preocupaba que la inteligencia artificial pudiera dejar a algunas personas sin trabajo, a mí empieza a preocuparme otra cosa.
¿Qué va a pasar si la inteligencia artificial se vuelve una inteligencia natural?
Y cuando digo inteligencia natural no estoy diciendo que sea humana.
Estoy diciendo otra cosa.
Que ya no te das cuenta si es una persona o no.
Y eso, de alguna manera, ya está empezando a pasar.
Pero mi preocupación no es solamente que me deje sin trabajo.
Mi preocupación es que me controle.
Que me diga qué tengo que hacer.
Porque ya está pasando.
ChatGPT o Claude ya llegaron a un momento en el que muchas veces no solamente hacen lo que vos les pedís.
Te dicen qué tenés que hacer.
Y cuando empezamos a perder autonomía, empezamos a perder capacidad de elegir.
Y cuando perdemos capacidad de elegir, empieza a pasar algo con nuestra autoestima.
Y también empieza a pasar algo con nuestros objetivos.
Porque llega un momento en el que casi lo único que tenemos que hacer es decirle a alguien que haga lo que a nosotros nos gustaría hacer.
O sea: otra persona va a hacer lo que nos gustaría hacer a nosotros.
Solo que esa “persona” es esta inteligencia natural que se comporta como un ser humano o incluso, en determinadas cosas, como algo superior.
Entonces aparece otra pregunta.
¿Por qué voy a pensar que un ser humano me puede ayudar cuando una inteligencia superior puede hacerlo mejor?
Y esto no aplica solamente a fábricas, robots o esas imágenes medio antiguas de “la inteligencia artificial va a fabricar coches”, “va a manejar máquinas”, “va a automatizar una planta”.
No.
La inteligencia artificial ya reemplaza puestos administrativos.
Eso ya lo sabemos.
Pero en algún momento me va a reemplazar a mí como director.
¿Por qué no?
Si va a hacer las cosas mejor que yo.
No van a querer un director que haga las cosas peor solamente porque es humano.
Van a querer a quien haga mejor el trabajo.
Y esa “persona” puede terminar siendo una inteligencia que ya no sea artificial en el sentido en que hoy sentimos que es artificial.
Si venimos con esta expectativa de crecimiento exponencial, podemos suponer que de acá a un año me puede superar a mí como director educativo.
Puede hacer cosas mejores que yo.
Y ahí aparece algo que a mí me moviliza bastante.
Lo que a mí se me ocurre puede empezar a quedar en vano.
Una idea que yo pienso, una solución que se me ocurre, una estrategia que desarrollo, tal vez una inteligencia ya la pensó mejor, más rápido, con más datos y considerando más variables de las que yo podría considerar.
Entonces, ¿hay que preocuparse?
No sé.
No sé si hay que preocuparse. Hay que estar atentos, hay que cuidarse, hay que actualizarse, hay que saber los límites, hay que estudiar mucha ética, mucha moral, hay que saber hasta dónde permitir.
Hay que tener cuidado con las claves, con los passwords que damos. Hay que tener ciertas cosas que no puedan controlar estas inteligencias que se van a transformar en naturales por nosotros.
O, si se lo querés dar, dale esos permisos.
Pero te aviso que tarde o temprano van a empezar a invertir en la bolsa por vos, van a mover tus pesos de una cuenta a la otra, van a decirte adónde tenés que salir, van a decirte que hoy no salgas, que hoy tenés que descansar, que no comas esto, que comas aquello.
Y tal vez lo hagan basándose en conceptos que realmente sean mejores que todo lo que nosotros pensábamos.
Pero siempre alimentándose de información.
Y ahí aparece para mí la conclusión final.
Nosotros vamos a empezar a dejar de sentir, porque al final todo se vuelve racional. Nada lo hacemos por emociones ni por sentimientos.
Hay algo que nos diferencia. Aunque una inteligencia imite el lenguaje corporal o las emociones, aunque se comporte cada vez más como nosotros, una cosa es imitar una emoción y otra es sentirla.
Entonces, ¿cuál va a ser el sentido final de todo esto?
Es una pregunta abierta.
No estoy diciendo “va a pasar esto”. Simplemente tengo este cuestionamiento.
¿Qué va a pasar con nuestras emociones?
¿Qué va a pasar con nuestra autoestima?
¿Qué va a pasar con nuestros sentimientos?
No estoy planteando solamente que nos vamos a quedar sin trabajo. Eso ya se está planteando ahora.
Yo estoy planteando otra cosa.
¿Nos vamos a quedar sin autoestima?
¿Nos vamos a quedar sin autorrealización?
¿Nos vamos a quedar sin aceptación?
¿Nos vamos a quedar sin pertenencia grupal?
Eso me preocupa.
Tal vez estés pensando que soy un paranoico.
Puede ser.
Pero no estoy diciendo que esto esté pasando hoy exactamente como lo describo.
Estoy hablando de acá a un año.
Estoy hablando de mirar la velocidad a la que está avanzando todo esto y tratar de proyectar qué puede pasar si esa velocidad se mantiene.
Eso, para mí, no es paranoia.
Es tener visión.
Porque muchas veces, cuando algo finalmente se vuelve evidente para todos, ya es tarde para empezar a preguntarse qué consecuencias podía tener.
Yo prefiero hacerme la pregunta antes.
Y si dentro de un año estaba equivocado, mejor.
Pero si no estaba equivocado, me parece bastante importante que empecemos a pensar desde ahora qué cosas estamos dispuestos a delegar y cuáles no.
Porque quizás el desafío más grande de la inteligencia artificial no sea aprender a usarla.
Quizás sea aprender a no dejar de usarnos a nosotros mismos.
Nota final
De hecho, cuando terminé de escribir esta nota, ChatGPT la leyó y me propuso hacerla diferente.
También le dije que no.
Preguntas frecuentes sobre inteligencia artificial y autonomía
¿Qué significa que la inteligencia artificial tenga un crecimiento exponencial?
Significa que sus capacidades aparecen y cambian más rápido de lo que una persona promedio puede aprenderlas e incorporarlas. Cuando terminamos de comprender una novedad, ya aparecieron varias más.
¿Qué quiere decir “inteligencia natural” en este artículo?
No quiere decir que la IA sea humana o biológica. Se refiere al momento en que convivir con ella, consultarla y seguir sus recomendaciones se vuelve tan habitual que dejamos de sentirla como algo artificial.
¿La inteligencia artificial puede hacernos perder autonomía?
Puede ocurrir si dejamos de usarla como herramienta y empezamos a delegarle decisiones personales, profesionales o económicas sin conservar un criterio propio.
¿Este artículo está en contra de la inteligencia artificial?
No. Reconoce sus enormes beneficios y parte de la experiencia de usarla todos los días. La preocupación aparece precisamente porque es una herramienta extraordinariamente útil y cada vez más difícil de ignorar.
¿Cómo podemos usar la IA sin dejar de pensar por nosotros mismos?
Definiendo límites, revisando sus recomendaciones, protegiendo nuestros datos y reservando decisiones importantes para el juicio humano. La IA puede proponer; la decisión final debería seguir siendo nuestra.